El presidente de los Estados Unidos, Barack
Obama, se presentó de sorpresa en el día de hoy en el salón de prensa de la
Casa Blanca y, haciendo una emotiva alusión a momentos de su vida en que ha
sentido la experiencia del rechazo por el color de su piel, toca el tema del
racismo que aún pervive en esa nación. Sus más de quince minutos de exposición
terminan con la optimista expresión “things are getting better” o, en español,
las cosas están mejorando, en referencia a que las generaciones actuales son
mejores que las anteriores en ese aspecto.
Pero, como veo las cosas, me sitúo en la acera
contraria al presidente Barack Obama. Leer las noticias a diario desmiente que
el tema del racismo se vaya diluyendo. Al contrario, veo el racismo mezclarse confusamente
con la discriminación, con los prejuicios, con los estereotipos, y extenderse
sobre razas, nacionalidades y hasta situación económica de los países del
mundo. No es sólo la sentencia de descargo a George Zimmerman. Es la condena a veinte años de prisión a Marissa
Alexander, la mujer negra que el año pasado, en el mismo estado de La Florida,
se defendió de un esposo abusivo haciendo disparos al aire.
Es la andanada de insultos y maldiciones racistas
que recibió en vivo y por las redes sociales Marc Anthony en el juego de
estrellas de esta semana en Nueva York al cantar “God Bless America”. Igual que
la ola de racismo que desató el niño mexicano Sebastien de la Cruz el mes
pasado en el juego final de la NBA. Son las recientes declaraciones de la
cantante mexicana Lila Downs quien percibe un creciente racismo y hostilidad
hacia la comunidad hispana e indígena. Es el escándalo por comentarios racistas de
una popular chef, Paula Deen, dirigidos en forma de insulto hacia un empleado. Estos,
sólo por mencionar los más recientes dentro del territorio norteamericano.
Pero si nos trasladamos a otros países la cosa
no va mejor. En Italia por ejemplo, una ministra italiana negra, Cecile Kyenge,
fue agredida verbalmente por el vicepresidente del Senado Roberto Caderoli
quien la comparó con un orangután por su color, y dichos pronunciamientos
acaban de ser secundados por otros políticos italianos. Por su parte, recientemente
el presidente Evo Morales fue impedido de volar el espacio aéreo de Francia,
España y Portugal, en una prepotente actitud de esos gobiernos frente al
boliviano, que denota un trato despectivo propio de quienes se asumen en
posición superior y dominante.
¿Estamos mejorando? Evidentemente que no. Todo
el que viaja con frecuencia puede darse cuenta de que las crisis que están
sufriendo los distintos países en el mundo están afectando los valores morales
y descascarando el hasta ahora disimulado rechazo hacia los países
latinoamericanos, hacia los países “subdesarrollados” y del “tercer mundo”; y
uso esos vocablos aunque no me gusten, pues lo hago a manera de cita. Lo vivo y
lo veo ahora más que antes.
Y concuerdo, ciertamente, con Ana Milena Muñoz de
Gaviria en su artículo de El Espectador del día de ayer cuando dice: “La derecha ha
manipulado y canaliza el inconformismo y el malestar social y económico hacia
el racismo, y por supuesto ha crecido la violencia, con manifestaciones de un
lado y de otro. Si bien los políticos buscan la unión, es claro que están
juntos, pero no revueltos, y la intolerancia, la xenofobia y el racismo están
presentes.” (“Racismo presente en Europa”, Opinión. El
Espectador. 18 de julio de 2013).

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