martes, 24 de marzo de 2015

¿Importamos devastación medioambiental?



Los dominicanos estamos aprendiendo a asumir actitudes más responsables y cuidadosas con el medio ambiente. Grupos, organismos e instituciones nacen y se renuevan constantemente con objetivos de preservación de reservas científicas y parques naturales, de enfoque ético al tratamiento de la fauna y la flora nacional, de protección, conservación y educación ambiental, de reforestación y de desarrollo sostenible de los recursos naturales.

Investigadores de ecología de la conducta, antropología evolucionista y psicología evolucionaria, han encontrado antecedentes en la historia evolutiva que indican que el ser humano que actúa de una manera libre y natural, tiende a depredar.  Es el caso de la conducta generalizada de nuestros vecinos haitianos.  Los haitianos han desertificado más del 90% de su territorio;  y desde la época colonial es una práctica común y constante la explotación inconsciente de sus recursos naturales. Esta histórica e indiscriminada deforestación ha generado como consecuencia un panorama de devastación ambiental: degradación de las cuencas hidrográficas, erosión de los suelos, pérdida de cobertura vegetal y desaparición de flora y fauna nativas. 

Con esa falta de conciencia ambiental, los haitianos atraviesan la frontera a satisfacer sus necesidades elementales, considerando a República Dominicana como una gran despensa viva que les queda a mano al agotarse la propia.  Así, tratan con violencia a esos otros seres, tan vivos como nosotros, pero aún más indefensos, que pueblan nuestros reinos animal y vegetal. E importan su desertificación, su falta de compromiso con el futuro y la carencia de respeto y conciencia ambiental con la que asolaron Haití.   

Una vez aquí, aniquilan especies marinas, aves nativas y migratorias, especies en vías de extinción y hasta nuestros perros y gatos domésticos.  Participan en la destrucción de parques nacionales, con énfasis en Los Haitises y la Sierra de Bahoruco.  Abaten manglares y talan toda clase de árboles y ecosistemas para preparar carbón vegetal.  Invaden áreas protegidas.  Extraen las arenas del río Masacre.  Provocan incendios forestales para la práctica del conuquismo.  Destruyen a pedradas los nidos, afectando aves en peligro como el Halcón Peregrino en el parque Jaragua o los gavilanes en los Haitises.  Causan daños en los acuíferos de nuestro territorio.  Pescan con métodos brutales prohibidos por la ley, como en Bahía de Manzanillo y el litoral de Montecristi.  Y asesinan, desde iguanas y cocodrilos en el lago Enriquillo, hasta ballenas de las que buscan refugio en nuestro mar Caribe. 

Para su despiadada cacería de animales y su actitud de exterminio, portan sierras, hachas, machetes y armas de fuego, casi siempre en forma ilegal.  Y los utilizan en forma cruel e inhumana con toda impunidad. 

Miremos a Haití y la desolación de su tierra.
Y preguntémonos si es ése el futuro que permitiremos y que nos espera.