PRIMERA
La señora parecía muy honorable. No era rica, pero había
creado a su alrededor un aura de respetabilidad relatando con frecuencia presuntas
participaciones en episodios antitrujillistas del pasado. Por eso recibía ayuda
de muchos familiares desde que su esposó se divorció de ella.
El divorcio dejó como único bien una casa, donde ella vivió
las décadas que duró el reclamo por los derechos de la misma.
Dos excelentes abogados llevaron el caso y hasta llegaron
al fin de sus días sin ver una solución al mismo. Treinta y dos años después
era necesario buscar un tercero para continuar la disputa.
El esposo de una pariente lejana era un aguerrido abogado,
muy conocido por su temple y su valor. Su bien ganado prestigio motivó a la
señora a contratarlo. Y pactaron un acuerdo de un veinte por ciento si
solucionaba el caso. Como tratamiento especial por el parentesco con la esposa,
el abogado no le requirió el usual avance de honorarios.
Dos años mas tarde, el abogado concluía el proceso a
favor de la señora. La señora le dijo que, para pagarle el veinte por ciento acordado,
vendería la casa cuando apareciera un comprador que le ofreciera el precio
máximo, y le sugirió que la ayudara también a buscar un comprador.
Algunos meses después, el abogado le presentó un
posible adquiriente, el cual el ofreció la suma de doce millones de pesos. La
señora se negó a vender. El abogado le recordó que sus honorarios estaban pendientes
de pago. Pero ella dijo que esperaría una mejor oferta.
El abogado le dijo que ese precio por esa casa era un
precio excelente, y que si ella la vendía, él le reduciría sus honorarios a la
mitad. La negativa de la señora fue acompañada
por el desafortunado comentario de que "ustedes no están esperando eso
para comer".
Tiempo después, unos pocos años y el abogado sin
cobrar, la señora se vio en la necesidad de vender la casa con urgencia porque
un hijo había caído preso por la comisión de un crimen. Pretendió venderla sin
avisar, pero el abogado, temiendo que se le engañara, había inscrito su derecho
en el título. Por tal razón, a la señora
le fue imposible hacer la venta de forma oculta. Y tuvo que acudir al abogado
para que levantara la oposición.
El único comprador que la señora había conseguido sólo
le ofreció ocho millones. Y la señora le dijo a su abogado que sólo le daría un
diez por ciento de esa suma. El abogado le recordó que su contrato era por el
veinte por ciento y que debía saldarlo al momento mismo de que recibiera el
pago por la casa. La oferta de la reducción al diez por ciento había expirado con
el tiempo transcurrido.
La señora se molestó. Evidentemente no deseaba pagarle
y, ante la inevitabilidad de cumplir con su compromiso contractual, maldijo en
voz alta, exteriorizando improperios y amenazas incoherentes y llenas de rabia.
Entonces el abogado se dio cuenta de que la señora
nunca tuvo entre sus planes pagarle. Acostumbrada como estaba a la asistencia,
subsidio y colaboración de sus familiares, asumió que este abogado de alguna
manera también le iba a trabajar gratuitamente y, al no lograr sus planes, se obsesionó
con difamarlo y detractar su buen nombre.
Sin embargo, poco después y por azar, el abogado conoció
al que fuera esposo de la señora. Y conversando con él se dio cuenta de que
había representado el lado equivocado. La señora había vendido ese inmueble de
mutuo acuerdo con su esposo treinta y cinco años atrás y había recibido la
mitad del dinero. Como fue el esposo quien hizo la venta, ella la desconoció y
demandó la partición a través de abogados que nunca supieron que ya ella había
cobrado.
Su demanda no había sido más que una estafa a los primeros
adquirientes del inmueble. Con razón había hecho una supuesta cesión de sus
derechos a una amiga, cuyo nombre utilizó para su fraude. No quería usar su
propio nombre para un engaño tan vergonzoso.
La señora, pues, dejó de ser la dama respetable que su
familia creía. Para el abogado y su esposa, la señora no era más que una
embaucadora, farsante y resentida mujer, cuya historia antitrujillista
probablemente no fuera más que una pose fabricada por ella misma para sacar
beneficio al embobamiento de sus familiares más ignorantes.