miércoles, 24 de agosto de 2011

Estorbemos


Uno de los más impactantes lemas de los indignados españoles se leía en muchos de los letreros, pancartas y camisetas durante las últimas manifestaciones. PIENSO, LUEGO ESTORBO. 

Estorbar es lo que hacemos los que pensamos libremente; los que no aceptamos sus explicaciones como dogmas; los que nos resistimos a costearles sus vidas ostentosas; los que no les celebramos su “justicia”; los que nos expresamos según la propia conciencia; los que no nos dejamos manipular a través de “guías espirituales”; los que denunciamos; los que no nos inclinamos reverentes ante sus maquinaciones; los que exigimos; los que no nos tragamos sus mentiras; los que reclamamos; los que somos inmunes a su hipocresía; los que no nos callamos; los que queremos ver detrás y más allá de sus máscaras; los que demandamos lógica a los límites que imponen; los que nos resistimos a ser rebaño; los que rechazamos ser objeto de extracción de riqueza para su exclusivo beneficio; los que nos molestamos cuando hacen lo contrario de lo que dicen; los que no somos complacientes; los que velamos por nuestros derechos; los que dudamos; los que no sucumbimos a la conformidad o la resignación para que todo siga igual; los que no caemos en sus trampas discursivas; los que conservamos las virtudes originales de la desconfianza y la rebeldía.

Pensemos y estorbemos.

Estorbemos que el Estado sea su fuente de enriquecimiento.  Estorbemos el tranquilo disfrute de sus corruptos patrimonios.  Estorbemos sus mansiones, sus apartamentos, sus grandes cuentas bancarias, sus queridas, sus ropas lujosas, sus vehículos, sus villas de playa, sus cabañas de montaña, sus aviones privados, sus viajes absurdos y todo su derroche.  Estorbemos sus cargos parasitarios y saqueadores.  Estorbemos la placidez del descanso que disfrutan mientras piensan que no serán perseguidos.  Estorbemos sus comidas con nuestras miradas indignadas.  Estorbemos sus pasos con un dedo que señale acusador.  Estorbemos sus ridículas escoltas con nuestra burla.  Estorbemos su pagada imagen con nuestras risas, nuestras voces y nuestras denuncias.  Estorbemos haciéndoles saber que sí nos importa que nos mientan, que sí ponemos atención y sí recordamos sus promesas.  Estorbemos escribiendo y divulgando nuestras ideas.  Estorbemos la extracción impune que hacen de nuestros impuestos y nuestras vidas, rechazándolos.  Estorbemos la empatía que despiertan en los idiotas, desenmascarándolos.  Pensemos en mil nuevas formas de estorbarlos.

Pensemos y estorbemos.

lunes, 8 de agosto de 2011

CNM: Que se abra un espacio para la participación de los ciudadanos!


Muchos ciudadanos tenemos criterios, opiniones y hechos que participar sobre los candidatos a jueces de la Suprema Corte de Justicia, del Tribunal Electoral y del Tribunal Constitucional.

Algunos conocemos los candidatos por razones personales, otros por razones profesionales, por razones académicas, o hasta por vinculaciones familiares.

Así como conocemos quién tiene valioso equipaje de conocimientos para ser juez, así también conocemos cuál es un astuto, deslizado por el sistema por relaciones de amistad o complicidad, sin bagaje intelectual alguno. Notamos quiénes tienen buenas intenciones y quiénes no son más que resentidos que quieren ser magistrados, o seguir siéndolo, sólo para ejercer una posición con poder.

Hay quienes tienen sincero interés de que las cosas cambien a nivel de justicia. Pero igual así hay quienes tienen un pasado y un presente indigno, vinculados a distintos tipos de inmoralidades, de pobre formación y sin otra aspiración que el estatus y los privilegios que las posiciones en esos tribunales pueden ofrecer.

Hay aspirantes con sentido de la justicia, la igualdad y los principios elementales de la democracia, así como los hay intolerantes, autoritarios y pequeños y pequeñas dictadores.

Los hay independientes del partidarismo político y con criterios jurídicos razonados en el interés general, pero también los hay vinculados y fuertemente comprometidos con intereses particulares, bancarios, empresariales, foráneos y partidarios.
  
Los hay autónomos e imparciales, así como los hay  peones de oficinas de abogados a nombre de las cuales pretenden, desde esas posiciones, convertirse en torres, caballos y alfiles dentro del tablero del ajedrez de intereses litigiosos que se manejan en la función judicial del Estado.

Es cierto que hay buenos candidatos. Así como también es cierto que hay quienes aspiran sólo con el encargo de garantizar impunidad a partidos y figuras políticas, en la eventualidad de sometimientos por corrupción.

Por eso hay ciudadanos que deseamos participar, opinar, decir o simplemente expresar criterios personales.  Y el Consejo Nacional de la Magistratura debe, antes que todo, abrir un espacio para que los que tenemos ese interés podamos expresarlo. Porque de lo contrario, no silenciaremos la inconformidad con las designaciones por todos los años que los jueces permanezcan en funciones.