Uno de los más impactantes lemas de los indignados españoles se leía en muchos de los letreros, pancartas y camisetas durante las últimas manifestaciones. PIENSO, LUEGO ESTORBO.
Estorbar es lo que hacemos los que pensamos libremente; los que no aceptamos sus explicaciones como dogmas; los que nos resistimos a costearles sus vidas ostentosas; los que no les celebramos su “justicia”; los que nos expresamos según la propia conciencia; los que no nos dejamos manipular a través de “guías espirituales”; los que denunciamos; los que no nos inclinamos reverentes ante sus maquinaciones; los que exigimos; los que no nos tragamos sus mentiras; los que reclamamos; los que somos inmunes a su hipocresía; los que no nos callamos; los que queremos ver detrás y más allá de sus máscaras; los que demandamos lógica a los límites que imponen; los que nos resistimos a ser rebaño; los que rechazamos ser objeto de extracción de riqueza para su exclusivo beneficio; los que nos molestamos cuando hacen lo contrario de lo que dicen; los que no somos complacientes; los que velamos por nuestros derechos; los que dudamos; los que no sucumbimos a la conformidad o la resignación para que todo siga igual; los que no caemos en sus trampas discursivas; los que conservamos las virtudes originales de la desconfianza y la rebeldía.
Pensemos y estorbemos.
Estorbemos que el Estado sea su fuente de enriquecimiento. Estorbemos el tranquilo disfrute de sus corruptos patrimonios. Estorbemos sus mansiones, sus apartamentos, sus grandes cuentas bancarias, sus queridas, sus ropas lujosas, sus vehículos, sus villas de playa, sus cabañas de montaña, sus aviones privados, sus viajes absurdos y todo su derroche. Estorbemos sus cargos parasitarios y saqueadores. Estorbemos la placidez del descanso que disfrutan mientras piensan que no serán perseguidos. Estorbemos sus comidas con nuestras miradas indignadas. Estorbemos sus pasos con un dedo que señale acusador. Estorbemos sus ridículas escoltas con nuestra burla. Estorbemos su pagada imagen con nuestras risas, nuestras voces y nuestras denuncias. Estorbemos haciéndoles saber que sí nos importa que nos mientan, que sí ponemos atención y sí recordamos sus promesas. Estorbemos escribiendo y divulgando nuestras ideas. Estorbemos la extracción impune que hacen de nuestros impuestos y nuestras vidas, rechazándolos. Estorbemos la empatía que despiertan en los idiotas, desenmascarándolos. Pensemos en mil nuevas formas de estorbarlos.
Pensemos y estorbemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario